Me choca cada vez más lo duramente presionada que está la gente hoy día. Es como si estuvieran yendo siempre de una urgencia a otra. Nunca a solas, nunca quietos, nunca realmente libres, sino siempre ocupados en algo que no puede esperar. Te da la impresión de que en este frenético torbellino perdemos el contacto con la propia vida. Nos parece que estamos ocupados, pero nada parece estar ocurriendo en realidad. Cuando más agitados estamos y más compactas se vuelven nuestras vidas, más difícil nos resulta mantener un espacio donde Dios pueda hacer que algo ocurra de verdad.La disciplina del corazón nos ayuda a dejar entrar a Dios en nuestro corazón para que podamos conocerle ahí, en los más recónditos rincones de nuestro propio ser.